Excesivamente pesimista para un poeta con tanto don que, aunque breve, suele golpear con acierto los tímpanos de quienes huimos, precisamente, de la desolación. La mano que escribe obedece a los impulsos emocionales de la "sustancia pensante", aunque no siempre -y que así sea in aeternum- de la razón cartesiana. Un poema afilado como un bisturí de neurólogo... Abrazos.
Mi caro Albert: Tal como están las cosas, permíteme la broma de decirte que nunca se es excesivamente pesimista. Es una tremenda muestra de tu intuición que me hables de "bisturí de neurólogo", porque es un poema escrito en los últimos días de vida de Pepe Barroeta, querido amigo y admirado poeta. Espero haber conseguido captar algo de su dolor, y del mío por su pérdida. Mi abrazo de siempre
Cara Susan: No sé si soy preciso, lo que es seguro es que intento serlo, la poesía lo exige. Supongo que conocerás la obra de tu compatriota José Barroeta. En mi opinión, de las más importantes en lengua castellana. Un saludo agradecido
Pepe fue amigo de mi padre. Lo curioso es que, siendo ambos venezolanos, se hicieron amigos en Francia. No llegué a conocerlo demasiado, apenas de vista. Cuando murió yo tenía, creo, 19 o 18 años. No me atrevía a hablarle a un poeta semejante, era muy tímida y me daba miedo incomodarlo con las preguntas sobre literatura que casi siempre tenía en la punta de la lengua -las sigo teniendo-. Conozco su obra, me gusta mucho, mucho. Tuve "Arte de anochecer" en mi bolso durante meses, revisaba ese poemario casi todos los días, también con "Culpas de Juglar" me quedé enganchada, no he tenido la oportunidad de leer toda su obra, me faltan, creo, dos de sus poemarios. No sé, Carlos, el mundo es tan pequeñísimamente grande; pensé en contarte esto cuando leí su nombre en el título, pero no quise ser imprudente, qué se yo. Un saludo.
Susan, querida, eres un pozo de sorpresas. Yo conocí a Pepe en su último año de vida, en Barcelona. Nos vimos sólo dos veces, pero fue suficiente para que se creara un lazo de afecto que su muerte no ha destruido. Tuvo la generosidad de dedicarme un poema en su último libro, incluido en la poesía completa (Todos han muerto), publicada por Candaya, edición que te recomiendo. Pocos días después de su muerte participé en un homenaje que se le hizo en la Feria del libro universitario de Mérida. Su poesía es altamente recomendable, de las mejores en lengua castellana de la segunda mitad del siglo XX. Como ves, no has sido imprudente, más bien al contrario, gracias por compartir tu recuerdo conmigo. Un beso grande
Hola Carlos: tardísssssimo, impresentable de mi parte, pero prometo y espero cumplir, enmendar la falta.
la palabra como don. hay en el poema una tensión(quizá dialéctica, en el sentido hegeliano-marxista, del término) entre lo ideal -la palabra como don- y lo material -la palabra que consume la existencia- la negación del don reafirma la intervención en la realidad, la palabra poética no como aquello que fuera otorgado "divinamente", sino como opción y decisión con las consecuencias que ello supone: nadie nos obliga a escribir como acto creativo, lo hacemos arbitrariamente -porque se nos da la gana-. ¿Ello puede suponer lo que afirmas en los versos finales? o dicho de otra forma, el valor -no el precio, tasa o peaje- de la palabra poética ¿va ligadoa una forma de ver y encontrarse con la vida y la muerte?
ya,tú sólo querías rendirle homenaje al "hijo ilustre de Pampanito". Por lo poco que podido leer de este hombre en internet -me parece muy bueno, además de intuir alguno puntos de coincidencia-, se me ocurre cierta familiaridad poética con un "pampeano", Bustriazo Ortiz.
y hasta aquí llego, gracias por provocar con tu poema la posibilidad de reflexioonar acerca de la palabra poética.
¡Ay, caro Hugo! Si tú te disculpas por haber tardado tanto en dejar tu comentario, imagínate qué debería decir yo por mi demora en responderlo. Ha sido un mes de agosto muy atareado, sin vacaciones. Lo que tú dices supera ampliamente mis intenciones, pero estoy muy contento de que la lectura de mi poema te haya suscitado a esas reflexiones. No conozco a Bustriazo Ortiz, es sólo un nombre para mí, pero prometo enmendarme. En cuanto a Pepe Barroeta, ¿qué puedo decirte? No sólo fue un gran poeta, sino una persona encantadora. Te recomiendo que consigas su poesía completa, "Todos han muerto", publicada hace unos años por Candaya. Incluye un libro inédito, terminado pocos días antes de su muerte y un CD con su voz, verdaderamente estremecedor. Un fuerte y agradecido abrazo
Carlos Vitale nació en 1953 en Buenos Aires (Argentina). Es Licenciado en Filología hispánica y Filología italiana. Entre otros libros, ha publicado "Unidad de lugar" (Editorial Candaya, Barcelona, 2004) y "Descortesía del suicida" (Editorial Candaya, Barcelona, 2008). Asimismo ha traducido numerosos libros de poetas italianos y catalanes: Dino Campana (Premio de Traducción “Ultimo Novecento”, 1986), Eugenio Montale (Premio de Traducción “Ángel Crespo”, 2006), Giuseppe Ungaretti, Gerardo Vacana, Sergio Corazzini (Premio de Traducción del Ministerio Italiano de Relaciones Exteriores, 2003), Amerigo Iannacone, Umberto Saba (Premio de Traducción “Val di Comino”, 2004), Giuseppe Napolitano, Sandro Penna, Emilio Paolo Taormina, Antoni Clapés, Joan Brossa, Josep-Ramon Bach, etc. Ha participado en festivales, lecturas y encuentros de poesía en Argentina, España, Venezuela, Armenia, Italia, Suiza, Rumania, Estonia, Grecia y Francia. Reside en Barcelona desde 1981.
10 comentarios:
Excesivamente pesimista para un poeta con tanto don que, aunque breve, suele golpear con acierto los tímpanos de quienes huimos, precisamente, de la desolación. La mano que escribe obedece a los impulsos emocionales de la "sustancia pensante", aunque no siempre -y que así sea in aeternum- de la razón cartesiana.
Un poema afilado como un bisturí de neurólogo...
Abrazos.
Es curioso, Carlos, tus palabras me inducen a un profundo silencio. Eres tan preciso...
¿O del hallazgo?
Saludos
Mi caro Albert:
Tal como están las cosas, permíteme la broma de decirte que nunca se es excesivamente pesimista. Es una tremenda muestra de tu intuición que me hables de "bisturí de neurólogo", porque es un poema escrito en los últimos días de vida de Pepe Barroeta, querido amigo y admirado poeta. Espero haber conseguido captar algo de su dolor, y del mío por su pérdida.
Mi abrazo de siempre
Cara Susan:
No sé si soy preciso, lo que es seguro es que intento serlo, la poesía lo exige. Supongo que conocerás la obra de tu compatriota José Barroeta. En mi opinión, de las más importantes en lengua castellana.
Un saludo agradecido
A eso aspiramos, amigo Perfecto, pero no sé si siempre lo logramos.
Un fuerte abrazo
Pepe fue amigo de mi padre. Lo curioso es que, siendo ambos venezolanos, se hicieron amigos en Francia. No llegué a conocerlo demasiado, apenas de vista. Cuando murió yo tenía, creo, 19 o 18 años. No me atrevía a hablarle a un poeta semejante, era muy tímida y me daba miedo incomodarlo con las preguntas sobre literatura que casi siempre tenía en la punta de la lengua -las sigo teniendo-. Conozco su obra, me gusta mucho, mucho. Tuve "Arte de anochecer" en mi bolso durante meses, revisaba ese poemario casi todos los días, también con "Culpas de Juglar" me quedé enganchada, no he tenido la oportunidad de leer toda su obra, me faltan, creo, dos de sus poemarios. No sé, Carlos, el mundo es tan pequeñísimamente grande; pensé en contarte esto cuando leí su nombre en el título, pero no quise ser imprudente, qué se yo. Un saludo.
Susan, querida, eres un pozo de sorpresas. Yo conocí a Pepe en su último año de vida, en Barcelona. Nos vimos sólo dos veces, pero fue suficiente para que se creara un lazo de afecto que su muerte no ha destruido. Tuvo la generosidad de dedicarme un poema en su último libro, incluido en la poesía completa (Todos han muerto), publicada por Candaya, edición que te recomiendo. Pocos días después de su muerte participé en un homenaje que se le hizo en la Feria del libro universitario de Mérida. Su poesía es altamente recomendable, de las mejores en lengua castellana de la segunda mitad del siglo XX. Como ves, no has sido imprudente, más bien al contrario, gracias por compartir tu recuerdo conmigo.
Un beso grande
Hola Carlos: tardísssssimo, impresentable de mi parte, pero prometo y espero cumplir, enmendar la falta.
la palabra como don.
hay en el poema una tensión(quizá dialéctica, en el sentido hegeliano-marxista, del término) entre lo ideal -la palabra como don- y lo material -la palabra que consume la existencia-
la negación del don reafirma la intervención en la realidad, la palabra poética no como aquello que fuera otorgado "divinamente", sino como opción y decisión con las consecuencias que ello supone: nadie nos obliga a escribir como acto creativo, lo hacemos arbitrariamente -porque se nos da la gana-. ¿Ello puede suponer lo que afirmas en los versos finales? o dicho de otra forma, el valor -no el precio, tasa o peaje- de la palabra poética ¿va ligadoa una forma de ver y encontrarse con la vida y la muerte?
ya,tú sólo querías rendirle homenaje al "hijo ilustre de Pampanito". Por lo poco que podido leer de este hombre en internet -me parece muy bueno, además de intuir alguno puntos de coincidencia-, se me ocurre cierta familiaridad poética con un "pampeano", Bustriazo Ortiz.
y hasta aquí llego, gracias por provocar con tu poema la posibilidad de reflexioonar acerca de la palabra poética.
salut,
hugo
¡Ay, caro Hugo! Si tú te disculpas por haber tardado tanto en dejar tu comentario, imagínate qué debería decir yo por mi demora en responderlo. Ha sido un mes de agosto muy atareado, sin vacaciones.
Lo que tú dices supera ampliamente mis intenciones, pero estoy muy contento de que la lectura de mi poema te haya suscitado a esas reflexiones.
No conozco a Bustriazo Ortiz, es sólo un nombre para mí, pero prometo enmendarme.
En cuanto a Pepe Barroeta, ¿qué puedo decirte? No sólo fue un gran poeta, sino una persona encantadora. Te recomiendo que consigas su poesía completa, "Todos han muerto", publicada hace unos años por Candaya. Incluye un libro inédito, terminado pocos días antes de su muerte y un CD con su voz, verdaderamente estremecedor. Un fuerte y agradecido abrazo
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