sábado, 7 de enero de 2012

CÓDIGOS

Cada palabra dice lo que dice
y además más y otra cosa. 
Alejandra Pizarnik


1

Con qué código
elegirás tu sol
la buena semilla
el día más sano


2

Aire de mar
cielo del Sur
lluvia de mí


3

La memoria del humillado
permanece
la memoria del humillado
no vende su memoria


4

Como
un viejo dolor
calla
y espera

La muerte
es un sueño
que me sueña


5

Miro hacia adentro
para no ver

Ojos de ciego
me miran


6

A través de mi voz habla el silencio

Con su propia voz


7

Digo
y contradigo

Sólo
aseguro
el sueño
y la derrota


8

Muerte a lo lejos

Canto difuso

Una sola nota bastará


9

Fuego
sobre
fuego

la hoguera de mis días


10

Yo pedía socorro
yo estiraba los brazos a la nada
yo pedía socorro
yo gritaba y gritaba
yo pedía


11

Por mis manos
limitado
al ritmo de mis pies
ando y desando
mi destino posible

Por mis manos
limitado
por mis manos


12

Como un ciego
busco la vereda del sol
sin más amparo
que un bastón en llamas


13

Hay
una voz
que invita
a la locura

¿Cuándo abriré
mis puertas
a su canto?


14

Toda razón consiste en persistir
como los ojos de los muertos que miran al vacío
toda razón consiste en persistir
hasta morirse


15

Preguntabas
qué era lo nuestro
lo que a nadie debíamos

Y yo
decía
el dolor
solamente el dolor


16

Mi memoria recuerda
lo que mis ojos
nunca conocieron

Juegos de la memoria
sobre tierra soñada

Mi memoria recuerda
pero miente


17

Voy llenando
de culpas
el abismo
que separa
de mí
mi propia vida


18

Tanto silencio
no entiende
por qué canto


19

Quién dirá
lo que callen mis palabras
lo que no diga mi voz
lo no nombrado

10 comentarios:

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Códigos descifrables, querido Carlos. Versos potentes en los que flota la soledad de la desesperación y la desesperanza (siempre compañeros de viaje del poeta). Difícil decantarse por algunos, pero me quedo con estos: "Como un ciego / busco la vereda del sol / sin más amparo / que un bastón en llamas".
Abrazos, y que la poesía sea también consuelo.

Perfecto dijo...

Versos como ráfagas a través de los intersticios de una vida extraña. Afloran desde el centro y quedan prendidos al borde del desasosiego.

Abrazos.

Carlos Vitale dijo...

Mi caro Albert:
Es siempre una alegría, lo sabes, encontrarte en mi blog. Estos, en realidad, son unos viejos poemas, los iniciales de mi libro "Unidad de lugar". He querido reproducirlos aquí para someterlos a la prueba del tiempo. El veredicto, como comprenderás, es aún incierto. Tampoco es ajeno a esta recuperación el hecho de que estos textos fueron transcritos infinidad de veces con errores de toda clase, entre otras cosas, sin respetar los espacios, con lo cual se volvían ilegibles. Ahora, aunque los poemas no sean ni mejores ni peores, al menos se entiende dónde empiezan y dónde acaban. Y, sí, la poesía es un extraño consuelo.
Un fuerte abrazo

Carlos Vitale dijo...

Querido Perfecto:
En pocas líneas planteas multitud de problemas, todo lo inasible, como decía un viejo profesor mío, que tiene la poesía.
Gracias por estar aquí.
Abrazos

hugo dijo...

Sí, a medida que iba leyendo los "códigos" me resultaba conocido lo que leía, pero creí que era una trampa de esas que, de tanto en tanto, te hace la memoria (ya se sabe que es una forma de 4ª dimensión que decía el viejo JBL). Ahora bien, ante lo que afirmas del maltrato que han sufrido estos poemas, he comparado lo que escribes con los mismos poemas que aparecen en la vieja edición de Plaza y Janés (buee, tan vieja, es del año 2000...) y digamos que en este caso el maltrato textual no aparece.
Vayamos a los códigos. En primer término hay que decir que guardas una fidelidad exquisita a los versos de la Pizarnik, en la forma en que la voz poética plantea una evidencia, una certeza o un conflicto e inmediatamente el verso final ("la hoguera de mis días", "yo pedía" etc.) o toda una estrofa descodifica lo planteado(" y además dice más y otra cosa”), La unidad de los dos términos del poema le otorgarán una tremenda (o quizá terrible) carga de fondo: la existencia humana está abocada al abismo de su propia soledad (el desgarro del poema 10 o el 15, con ese "lo que a nadie debíamos" para concluir en el dolor como único sentimiento a compartir) y la presencia de la muerte, más como posible final de algo que como lo irremediable (que también).

Si tuviera que quedarme con un código, me quedaría con dos (jejejej).
"Fuego / sobre / fuego / la hoguera de mis días" y el otro es el poemazo 17: "Voy llenando / de culpas / el abismo / que separa / de mi / mi propia vida"

Te preguntabas si estos poemas resisten la prueba del tiempo, de mi parte el veredicto es que ha sido todo un acierto su publicación en el bloss, porque esa prueba del tiempo no es otra que la de la lectura y relectura. Pienso que son códigos válidos para aproximarse tanto al conflicto que uno, afortunadamente, guarda con el mundo como al hecho poético de responder a ese mundo con la creación. Pero, sobre todo, sobre todo, no creer que hay vida más allá más allá del borrador que se escribe y se reescribe.

Y si caro Carlos, siempre queda "la hoguera de los días".

Gracias, muchas gracias por traer aquí estos extraordinarios 19 (número interesante que parece, por si solo, una renuncia a todo tipo de rotundidad y multiplicidad) 19 poemas.

nos seguimos leyendo

salut,

...como era aquello de "toda razón consiste en persistir" a blogguer siempre se le encuentra la vuelta 8jejejeje)

Carlos Vitale dijo...

Huguísimo mío:
Tal vez debería haber sido menos confuso. Cuando hablaba de errores quería referirme a los aparecidos en infinitas revistas en papel o publicaciones de internet en que estos poemas fueron reproducidos. Por ejemplo: la eliminación de los números y los espacios de separación, con lo cual los 19 poemas se convertían en un único e incomprensible poema. Afortunadamente en ninguna de las ediciones de “Unidad de lugar” (Plaza & Janés y Candaya) se produjo ninguno de estos desmanes. Ahora, ¡ay!, en la aparición de “Códigos” en mi propio blog ha habido una autoagresión debida a mi impericia informática: los tres últimos versos del poema 11 deberían ir escalonados, pero no he sabido cómo hacerlo.
En cuanto a tu comentario de los poemas, ¿qué puedo decirte? Me abrumas. Querría parecerme a lo que ves en mí. El hecho es que aquí me tienes, convertido en un pavo real en uno de sus mejores días. Si esto fuera una defensa de tesis doctoral yo te pondría un “cum laude”, no por interesado, por mi parte, menos merecido, por la tuya. Tu análisis es de una profundidad extraordinaria.
Al haber ido publicando reediciones sucesivamente ampliadas de “Unidad de lugar”, en ocasiones me pregunto si hago bien exponiendo una y otra vez al lector textos que quizá sería mejor ocultar. Tus palabras me hacen pensar que no lo he hecho tan mal.
Un fuerte y agradecido abrazo

Gastón Segura dijo...

Contradecir al contradictor, difícil tarea,; Gracias Carlos

Carlos Vitale dijo...

Amigo Gastón:
Gracias por estar ahí. Nos seguimos viendo.
Un fuerte abrazo

José Antonio Fernández dijo...

Siempre se agradece la lectura y, en este caso, la relectura, de estos poemas que tan bien llevan al lector a un mundo de desasosiego y conficto interior. Los comentarios que me preceden ayudan mucho a adentrarse en la lectura.
Un placer Carlos.

Carlos Vitale dijo...

Querido José Antonio:
Con enorme vergüenza, más de un año después, descubro tu comentario. Gracias por tus palabras. Un fuete abrazo
Carlos